El dolor de espalda generalmente proviene de una irritación o una lesión transmitida por un nervio al cerebro. Este mensaje doloroso puede permanecer localizado o provocar una sensación descendente, como ocurre en las ciáticas, o ascendente, como en el caso de los dolores de cabeza. También puede irradiar a lo largo de un miembro.
Esta irradiación, a veces acompañada de pérdida de sensibilidad o debilidad, es el resultado de una irritación radicular que altera la función normal del nervio afectado. Esto se observa con frecuencia en afectaciones lumbares, comúnmente llamadas ciáticas, como en casos de hernias discales o del síndrome del piramidal. También puede presentarse en afectaciones cervicales, como las radiculopatías o plexopatías cervicales, que pueden irradiar a lo largo del brazo o incluso provocar mareos cervicales y vértigos cuando la afectación se localiza en niveles cervicales superiores.
El nervio y su función
La función del nervio es controlar la actividad motora y transmitir información sensitiva sobre el estado del órgano o músculo inervado. Su objetivo es garantizar el correcto funcionamiento del tejido, así como proporcionar retroalimentación sobre su estado, incluyendo la señal de dolor en caso de perturbación.
Los nervios parten del cerebro (sistema nervioso central), continúan su trayecto por la médula espinal dentro de la columna vertebral, y se dividen en distintos nervios al salir entre cada vértebra. Estos se dirigen hacia los miembros y órganos para cumplir su función.
El nociceptor y su función
El mensaje de dolor es un impulso nervioso producido por receptores llamados nociceptores, que detectan irritaciones locales. Estos se activan ante compresiones o estímulos suficientemente profundos.
Su función es informar al cerebro de que existe una perturbación o lesión que puede afectar al correcto funcionamiento del cuerpo. Por ello, el dolor puede aumentar en función del grado de afectación.
¿Por qué aparece esta señal de dolor?
La señal de dolor, que puede percibirse localmente, se transmite a través de los nervios hasta el cerebro para que este genere una respuesta adecuada. Esta respuesta suele manifestarse como tensión muscular destinada a proteger las vértebras cercanas y evitar un desalineamiento vertebral que provoque irritación nerviosa o un pinzamiento lumbar.
Si la irritación persiste, podría evolucionar hacia una protusión discal y posteriormente a una hernia discal más severa.
¿Puede ayudar la quiropráctica?
La función del quiropráctico es analizar el cuerpo para localizar los puntos de perturbación que interfieren con las funciones normales del sistema nervioso y que pueden ser la causa del dolor.
Una vez identificadas las estructuras responsables —a menudo desalineamientos vertebrales que generan irritaciones nerviosas— el quiropráctico reposiciona la vértebra en su alineación original mediante un ajuste preciso y rápido, actuando únicamente sobre la vértebra clave, con el fin de liberar el nervio afectado.
El objetivo principal es el realineamiento articular, restablecer el equilibrio corporal y optimizar el funcionamiento del sistema nervioso.